Amy Himelright, Las Cruces Public Schools 

Recently Dr. Harold Koplewicz, president of The Child Mind Institute, was interviewed on NBC’s The Today Show on “Kids Under Pressure, Helping Students Cope with Anxiety, Stress and Fear.”  In the interview, he highlighted something that many parents and teachers recognize. Negative emotions and even full-blown depression and anxiety are on the rise across the country, and we are seeing the impact on children. This month, Las Cruces Public Schools is embarking on a campaign to prevent bullying.  In doing so, we must recognize that a child who demonstrates behavior that is hurtful to others is himself struggling with difficult environmental, emotional, or behavioral issues that are likely amplified in this time of increased social media use and isolation. As we commit in the schools and larger community to promote health and wellbeing and specifically, to prevent bullying, we would be remiss to not consider and address the root causes of problematic behaviors, many of which are rooted in mental health. 

The increase in difficult feelings Dr. Koplewicz referenced in his interview are attributed by many experts to overuse of online platforms.  The epidemic dependence on social media use in affluent countries across the world causes a false sense of connection and ultimately loneliness. While there is a sense of connection on social media, there is also a strong disconnect from the social norms and responsibilities that come with in-person connection.  All of this can contribute to time lost in the day to online perusing, sadness, and a sense of anonymity that leads young people and adults alike to say and do things over text or direct messaging or through posts that they would never do in person. To support mental health and healthy interpersonal behavior, let’s all make a commitment to reduce our time spent online.   

While it’s not realistic to think electronic mediums of communication are going away for our children, it is possible to teach them healthy and kind online behavior.  When our children are on their devices, I want two questions echoing through their minds.  First, “Would I do/say/watch/post this if my mom was going to see it?” Second, “Would I say to a person standing in front of me what I am about to send in a group chat or instant message?”  We can teach our children that if the answer is no, don’t send that message. Don’t engage in that unkind group chat. When you are online, be kind.   

It’s difficult in today’s world for many children to even know what to do without electronics when faced with free time.  The second strategy that I am suggesting is to engage our children in as much in-person activity that fosters mentorship and live connections as possible.  If they are busy with clubs, sports, city recreation or family time, that’s less time spent feeding the technology hungry part of their brain that is fueling the loneliness and anxiety mentioned above.  Loving, strong relationships and time spent connecting face-to-face over shared enjoyable activities is the antidote to that void of restlessness and discontent so many are feeling when they aren’t plugged into their phones.   

Finally, increased connection and reduced screen time is not the cure-all.  There is a difference between situational feelings of being down and discontent and serious mental illness.  When children are acting out in hurtful ways, when they are feeling so down that they can’t sleep or eat well, or when their anxiety exceeds nervousness and prevents them from doing things that would normally bring them pleasure, it is time to seek out help.  Treating underlying mental health issues will not only help reduce harmful behavior toward others, but it also helps bully-proof the recovering child.  Children who are confident, well connected to strong adult role models, and who have healthy friend circles are simply harder to bully and are more likely to stick up for someone who is being bullied and report it.  

 In the end, while talking about bully prevention and mental health care is key, it is imperative to the overall success of our children to reduce screen time and replace those hours with healthy, connected, enjoyable in-person activities.

Amy Himelright, LPCC is the Director of Academic Counseling and Behavioral Health for Las Cruces Public Schools.  She can be reached at ahimelri@lcps.net 

LCPS: Amabilidad y relaciones para hacer las escuelas a prueba de acoso

Amy Himelright, Escuelas Públicas de Las Cruces 

Recientemente, el Dr. Harold Koplewicz presidente de The Child Mind Institute, fue entrevistado en The Today show de NBC acerca de “Niños bajo presión, ayudando a los estudiantes a lidiar con la ansiedad, el estrés y el miedo”. En la entrevista, destacó algo que muchos padres y maestros reconocen. Las emociones negativas e incluso la depresión y la ansiedad a gran escala están en aumento en todo el país, y estamos viendo su impacto en los niños. Este mes, las Escuelas Públicas de Las Cruces están iniciando una campaña para prevenir el acoso escolar.  Al hacerlo, debemos reconocer que un niño que demuestra un comportamiento que es dañino para los demás está luchando con problemas ambientales, emocionales o de comportamiento difíciles que probablemente se agrandan en este momento de mayor uso de las redes sociales y aislamiento. A medida que nos comprometemos en las escuelas y en la comunidad en general a promover la salud y el bienestar y, específicamente, a prevenir la intimidación, sería negligente no considerar y abordar las causas fundamentales de los comportamientos problemáticos, muchos de los cuales tienen sus raíces en la salud mental.

El aumento de los sentimientos difíciles a los que el Dr. Koplewicz hizo referencia en su entrevista son atribuidos por muchos expertos al uso excesivo de las plataformas en línea.  La dependencia epidémica del uso de las redes sociales en los países opulentos de todo el mundo causa una falsa sensación de relaciones y, en última instancia, soledad. Si bien hay un sentido de relaciones en las redes sociales, también hay una fuerte separación de las normas sociales y las responsabilidades que vienen con las relaciones en persona.  Todo esto puede contribuir al tiempo perdido en el día para la lectura en línea, la tristeza y una sensación de anonimato que lleva a jóvenes y adultos por igual a decir y hacer cosas por mensaje de texto o mensajes directos o a través de publicaciones que nunca harían en persona. Para apoyar la salud mental y el comportamiento interpersonal saludable, todos nos comprometemos a reducir nuestro tiempo en línea.

Si bien no es realista pensar que los medios electrónicos de comunicación van a desaparecer para nuestros hijos, es posible enseñarles un comportamiento en línea saludable y a ser amables.  Cuando nuestros hijos están en sus dispositivos, quiero que dos preguntas resuenen en sus mentes.  Primero, “¿Haría/diría/vería/publicaría esto si mi madre lo fuera a ver?” En segundo lugar, “¿Le diría a una persona enfrente a mí lo que estoy a punto de enviar en un chat grupal o mensaje instantáneo?”  Podemos enseñar a nuestros hijos que, si la respuesta es no, no envíen ese mensaje. No participen en ese chat grupal que sea poco amable. Cuando estén en línea, sean amables.

Es difícil en el mundo de hoy para muchos niños saber qué hacer sin dispositivos electrónicos cuando tienen tiempo libre.  La segunda estrategia que estoy sugiriendo es involucrar a nuestros hijos en tantas actividades en persona como sea posible que fomenten la camaradería y las relaciones en persona.  Si están ocupados con clubes, deportes, recreaciones citadinas o pasando tiempo en familia, eso implica menos tiempo dedicado a alimentar la parte sedienta de tecnología de su cerebro que está compensando la soledad y la ansiedad mencionadas anteriormente.  Las relaciones afectuosas estrechas y el tiempo dedicado a relacionarse en persona por medio de actividades agradables compartidas es el antídoto contra ese vacío, inquietud y descontento que muchos sienten cuando no están conectados a sus teléfonos.

Finalmente, el aumento de las relaciones personales y la reducción del tiempo en pantalla no es la panacea.  Hay una diferencia entre los sentimientos situacionales de estar deprimido y el descontento y la enfermedad mental grave. Cuando los niños se están portando de manera que sea hiriente hacia otros, cuando se sienten tan deprimidos que no pueden dormir o comer bien, o cuando su ansiedad excede el nerviosismo y les impide hacer cosas que normalmente les brindarían placer, es hora de buscar ayuda.  El tratamiento de los problemas de salud mental subyacentes no solo ayudará a reducir el comportamiento dañino hacia los demás, sino que también ayudará a proteger contra el acoso al niño en recuperación.  Los niños que tienen confianza, bien relacionados con modelos de adultos fuertes y que tienen círculos de amigos saludables son simplemente más difíciles de intimidar y es más probable que defiendan a alguien que está siendo intimidado y lo denuncien.

Al final, si bien hablar sobre la prevención del acoso y la atención de la salud mental es clave, es imperativo para el éxito general de nuestros hijos reducir el tiempo de pantalla y reemplazar esas horas con actividades en persona saludables, de vinculación y divertidas.

Amy Himelright, LPCC es la Directora de Asesoría Académica y Salud Conductual de las Escuelas Públicas de las Escuelas Públicas de Las Cruces. Se puede poner en contacto con ella en ahimelri@lcps.net